Sobre mí
Consultor informático de profesión, viajero por obsesión. Japón entró en mi vida por casualidad y ya no se fue. 28 viajes después, mi lista de cosas pendientes sigue siendo más larga que cuando empecé.
La historia
Me lo regalé por la graduación. Era 2009, el yen aún valía mucho — mil yenes eran más de diez euros — y no sabía realmente qué esperar. Para mí Japón era solo «ese país lejano y tecnológico que habla un idioma imposible». Partí con un grupo de italianos y una guía, Sawako, hacia lo que solo más tarde descubriría que era «la ruta clásica»: Tokio, Kioto, Nara, Hiroshima.
Me enamoré antes incluso de llegar a Tokio. En Narita, mientras esperábamos el tren, un jefe de estación nos vio y se acercó a nuestra guía haciendo una reverencia. Le pregunté a Sawako qué había pasado.
A partir de ahí no paré. Volví para estudiar: un mes entero en Tokio aprendiendo japonés — por la mañana a la escuela, por la tarde los deberes, y por la noche conectado a trabajar para mi empresa de entonces. Luego convencí a mi responsable de enviarme a Tokio para un curso de especialización: otras dos semanas inolvidables. Cualquier excusa era buena para volver.
Porque Japón es una llamada. Un pensamiento fijo, un latido que te atrae — y hasta que no vas, es imposible de explicar. He visitado muchos países: Estados Unidos, Canadá, toda Europa. Y sin embargo es Japón el que más me ha sorprendido, cada vez. Y esa amabilidad no cambia nunca: incluso en el último viaje, en 2026, un restaurador insistió en devolverme el dinero de las gyoza que había pedido porque se habían abierto un poco al cocinarse — para él, así no valía.
Lo más bonito, sin embargo, lo aprendí de los demás. Con los años he llevado conmigo a amigos, conocidos, gente de todo tipo. Y al final de cada viaje hacía siempre la misma pregunta: «¿Qué es lo que más te ha gustado?». La respuesta era siempre la misma, de cualquiera, después de cualquier viaje: la gente.
Durante años di consejos de viva voz, por WhatsApp, en grupos de Facebook. Amigos, amigos de amigos, desconocidos que me preguntaban "¿dónde duermo en Kioto?", "¿merece la pena el JR Pass?", "¿dónde se come buen sushi por la mañana?".
En cierto momento me di cuenta de que las respuestas eran siempre las mismas y de que probablemente podían servir a más gente. Así nació Giappone che Passione — web, canal de YouTube y perfil de Instagram. No un blog de viajes, no una guía turística: un archivo de experiencias probadas sobre el terreno, con la mirada de quien ha vuelto demasiadas veces como para disimular.
Itinerarios que he recorrido de verdad, con tiempos reales y errores incluidos. Guías prácticas sobre JR Pass, eSIM, moneda, ryokan — lo que hace falta antes de partir. Páginas dedicadas a las ciudades que más quiero, con mis lugares favoritos (incluidos esos donde te dirán "¿pero a qué vas ahí?"). Cocina, con mis diez platos imprescindibles y dónde encontrarlos. Y un diario de viaje con las historias que no caben en las guías.
Todo disponible en varios idiomas, porque Japón apasiona en todo el mundo. Y porque creo que ciertos matices culturales merecen contarse bien.